sábado, 19 de enero de 2013

La persona perversa


La persona perversa
 
Cita: Elsa Punset en Inocencia Radical

 (Doctora Hirigoyen)

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No se puede vencer a un perverso.  Tal vez se pueda, como dice la doctora Hirigoye, con esfuerzo y tiempo “… aprender algo acerca de uno mismo. La única victoria es alejarse sin haberse contagiado de su agresividad y malevolencia”. Las victimas siempre espera que el agresor se disculpe porque la batalla ha sido, siempre, profundamente desigual e injusta. Pero eso nunca ocurre porque el perverso excluye de sí mismo el sufrimiento y la duda. A la víctima, advierte la Doctora Hirigoyen, sólo le queda identificar el proceso perverso que pretende hacerle cargar con toda la responsabilidad del conflicto y analizar el problema dejando de lado la cuestión de la culpabilidad, porque no fue débil al principio, sino demasiado confiada: se creyó salvadora, redentora. Se sintió demasiado responsable y, por tanto, infinitamente culpable. “Tendrá que abandonar el ideal de tolerancia absoluta que enarbolan tantas víctimas y reconocer a tientas que a quien amaba le aqueja, en mayor o menor medida, un trastorno de personalidad peligroso para ella y  para los suyo”. Una diferencia clara entre una víctima y de un perverso y un individuo masoquista, apuntan también, es que cuando la primera, tras un enorme esfuerzo consigue separarse de su verdugo, siente una enorme liberación: “A intentado la labor imposible de resucitar a los muertos. Ahora puede abandonar su posición de victima inmovilizada y permitir que la vida renazca”.
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